Chaco: Sobreviviendo a la pobreza: La historia de miles de chaqueños

 

 

 

 

 

 

 

 

La difícil situación por la que atraviesa un alto porcentaje de la población chaqueña no ha variado en los últimos años y las penurias de miles de familias se hacen palpables a pocas cuadras del centro de la capital chaqueña, donde la pobreza gana terreno y la marginalidad y el hambre si convirtió en una imagen que duele y parece imposible de erradicar.

La difícil situación por la que atraviesa un alto porcentaje de la población chaqueña no ha variado en los últimos años y las penurias de miles de familias se hacen palpables a pocas cuadras del centro de la capital chaqueña, donde la pobreza gana terreno y la marginalidad y el hambre si convirtió en una imagen que duele y parece imposible de erradicar.

 

Mientras muchos sectores analizan las crisis internacionales, los presupuestos para las distintas áreas o la manera de afrontar los pagos de salarios del Estado, existen en la provincia más de 140.000 habitantes que están hacinados en terrenos del cinturón urbano del gran Resistencia, siendo parte de los denominados excluidos sociales, sin posibilidades de alimentos y mucho menos de una vivienda digna y trabajo, a tal punto que más del 80 por ciento de las personas que hoy habitan los asentamientos, se encuentran sin trabajo. Las organizaciones no gubernamentales que trabajan en los sectores marginales del área metropolitana son las que hicieron los últimos relevamientos de la situación de esa población y son quienes advirtieron el alto índice de desocupación, pero también la realidad de que los asentamientos continúan creciendo. En la actualidad hay más de 250 asentamientos en la provincia, pero el dato más llamativo es que se siguen incorporando nuevas familias a los mismos, a tal punto que en los terrenos de La Rubita se estima que son 1.800 las familias instaladas en esas tierras, cuando inicialmente fueron ocupadas por 600. Estos sectores encuentran en los planes sociales la posibilidad de subsistencia, pero además dependen mucho de los alimentos que puedan conseguir en comedores comunitarios o el copeo de leche para los más pequeños. El hambre es moneda corriente y la prioridad siempre es para los más pequeños. Alicia Monzón, encargada de la ONG La Familia, reconoce que es una de las pocas que mantiene un comedor dentro del extenso predio de La Rubita y a la que asisten más de 200 chicos por día. “Hasta hace unos meses eran 90 los chicos a los que dábamos un plato de comida, pero en poco tiempo la cantidad se duplicó. Si bien no tenemos recursos hacemos distintas cosas para conseguir la comida. Nosotros buscamos y conseguimos la verdura y la carne, y es el gobierno quien nos entregaba el arroz o los fideos pero desde hace un tiempo no conseguimos esa ayuda que es invalorable”.
Para poder mantener el comedor recurren a la venta de pastelitos o torta parrilla, además del pedido constante de donaciones a la población. “Es mucha la pobreza, son muy pocas las personas que tienen trabajo. Tenemos un 40 por ciento de la gente que cuenta con algún plan del gobierno para poder subsistir, el resto sobrevive como puede”. Monzón señaló que del censo que ellos llevaron adelante hace un tiempo, arrojó que hay algo más de un 80 por ciento de desocupados. “Son muchas las carencias, pero también es importante el trabajo que venimos haciendo entre todos para intentar hacerle frente a la difícil situación por la que atravesamos. Hemos formado un pequeño tallercito donde con restos de ropas vamos confeccionando sábanas o frazadas. Hacemos un reciclaje de lo que conseguimos y lo vamos repartiendo entre todas las familias”. Esteban Rojo, delegado vecinal de una de las zonas en que se dividió La Rubita, señaló que la ayuda del gobierno se hace cada vez más difícil conseguir. “Desde hace dos meses que tenemos cerrado el comedor comunitario. A pesar del contacto permanente el panorama no cambia. Lo que mantenemos es el copeo de leche para los chicos de lunes a viernes 95. También disparó que en su zona son pocos los que tienen trabajo estable, “creemos que la cifra no alcanza al 18 por ciento”.

El panorama nacional
La realidad del Chaco no dista mucho de la del resto del país y eso lo describió el economista Eduardo Fracchia, director del Area de Economía del Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE) quien explicó al diario Perfil que “la pobreza en la Argentina alcanzó un pico sin precedentes en la historia reciente durante la crisis de la convertibilidad. La devaluación de 2002 motivó un inmediato incremento de precios, principalmente de los bienes exportables (en especial, alimentos), que licuó los ingresos reales. Con la inflación reinstalada, los pobres resultaron los más perjudicados por carecer de recursos para protegerse de ella, recursos que sí están disponibles para las clases mejor posicionadas. El desempleo aportó su cuota por el lado de menores ingresos. La desigualdad en la distribución del ingreso se agravó”. Reseño que “con la reactivación de la economía la pobreza comenzó a reducirse por la vía de mayores ingresos al disminuir el desempleo. Sin embargo, en los últimos doce meses, la desaceleración de la economía y la inflación persistente parecen haber revertido la tendencia. Esta relación precisamente ha sido testeada econométricamente concluyendo que, para el período 2001-2009, la evolución de la pobreza puede ser explicada casi en su totalidad (más del 90%), por el comportamiento de los ingresos medios reales familiares y la distribución del ingreso”.
Por otra parte dijo que “además de la actividad y distribución del ingreso, la informalidad resulta también una variable muy relacionada con el gradode pobreza. Habitualmente, los trabajadores informales tienden a percibir ingresos más bajos que sus pares ocupados en el sector formal; por lo que es más probable que pertenezcan a hogares pobres. Adicionalmente, las personas que ocupan puestos informales se ven perjudicadas también por la falta de cobertura médica, previsional y de un seguro frente a accidentes de trabajo”.
“En cuanto a políticas públicas de acción directa sobre la pobreza, se discute la conveniencia de implementar programas focalizados frente a los programas universales. En la experiencia reciente de nuestro país los programas focalizados, en particular el Plan Jefas y Jefes de Hogar, han dado origen a fenómenos perjudiciales de clientelismo. Una posibilidad para desbaratar estas instituciones deterioradas sería la de instaurar un ingreso mínimo universal para la niñez, por ejemplo, que garantice el acceso a la canasta alimenticia a todos los menores”.