Advertisement
Inicio arrow Cultura arrow Teatro arrow Los cuernos (ni te imaginabas)
Los cuernos (ni te imaginabas) PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 

No es que el ser humano conozca a la mentira cuando le viene caminando desde el frente. Pero sí al menos es perfectamente capaz de distinguir cuándo otro finge. Y el cornudo conciente es el que CALLA los detectores propios por los que la mentira puede ser identificada, por el alma -o por el inconciente, si quieren un concepto menos espiritual

 

No es que el ser humano conozca a la mentira cuando le viene caminando desde el frente. Pero sí al menos es perfectamente capaz de distinguir cuándo otro finge. Y el cornudo conciente es el que CALLA los detectores propios por los que la mentira puede ser identificada, por el alma -o por el inconciente, si quieren un concepto menos espiritual-.

Fingir es mentir. Mentir es fingir. Mentir es actuar. Ocultar una verdad es fingir otra. Al cabalgar en las dulces espaldas de la mentira se corre el riesgo de toparse con una rama baja, siempre las hay. Y del otro lado, al adormecerse en la dulce mentira del "no soy celosa", también se cabalga a ciegas.

Cuándo empieza todo. Con este concepto del mentir, además, se define al cuerno mismo como algo anterior a la fechoría en sí. Antes del sexo de nuestra pareja con otra/o, hay te-amos, abrazos, besos y complicidades que cambian. Quién no desconfía de un beso dado con los ojos apuntando, abiertos, hacia otro lado. Los te-amos con la boca apretada, los besos cortos y sin alma y todo, todo aquello que se HACE distinto a como se SIENTE es la inexpugnable base para un futuro cuerno. Por eso los cuernos son en principio la partición de un ser en dos.

Ellas. Las mujeres meten más los cuernos que antes, o al menos ahora lo cuentan bien contado. Las mujeres suelen sentir más culpa que los hombres, y debe ser porque en general, no se espera que el vientre del hogar se vuelva una vagina ávida a la misma vez y en otra pieza. Pero sucede.

Ejemplos. La mujer que cornea es ésta: -Siempre hacemos lo mismo. - Me hizo problemas por las pasas de uva en la empanada. -No es que sea nuevo, pero ahora me molesta. Y una le contesta, a la amiga o al amigo: -¿Pero le dijiste que no te gustaba cómo andaban en la cama?, -¿Le dijiste que no te maltratara? Ellas responden: -Ah, no. Si le digo me manda a la m... - Ah, no. Un día medio le dije y no entendió dijo negrita no te hagas la fogosa. Y así, los reclamos que no se saben hacer de buen modo se van sedimentando como una durísima y peligrosa piedra entre las dos personas. Como si un banco de arena cada vez más vasto los separara.

Calla, finge, que pronto cornearás. En los casos que conozco, el hombre cornudo siempre tiene en su haber terribles déficit en su gestión. Los casos de infidelidad femenina que conozco, que no son vengativos de otras infidelidades, suceden por estos huecos que el hombre no ha querido suplir o, en cambio, que la mujer misma ha evitado que el hombre conozca.

Tu culpa. El hombre suele ser bastante miope, pero si una mujer finge sentirse a gusto o no arregla las cosas con su hombre, después que no se asombre cuando se ve a si misma besándose con otro, porque ese beso empezó a gestarse, mudito y anhelante, en aquel fingimiento, aquella mentirilla que dijo esa mujer para dejar tranquilo al marido. Que total no entiende, que total no lo nota, que total no puede (¡tremendo!):

Qué sería. La mujer que mete los cuernos, en psicología barata, le corta el miembro a su marido. Y después de eso, en general, no hay vuelta atrás. Es muy difícil que, como en el juego de ponerle la cola al burro, el miembro se le pudiera restaurar al pater familiae.

Qué no sería. Sólo puede restaurarse si no se lo han cortado, cuando la mujer que estuvo con otro pero por puro ejercicio de su independencia, para verse a sí misma ante el marido secretamente más poderosa. Después, con el orgullo restaurado, retoma la relación con el hombre que ama, con las cuentas saldadas consigo misma, sobre todo.

Qué sería II. El hombre que mete los cuernos también procede igualmente: el corneador le "borra" las curvas a su mujer, la deja con delantal o los tacos de oficina donde trabaja y una teta afuera para darle a los hijos y nada más. El vientre, la bolsa de piel.

Lo que más duele de la infidelidad es eso. QUE siempre implica REBAJAR a alguien en su erotismo, en su belleza sexual. Es haber dado de baja la sensualidad del otro y su capacidad para excitarnos. Vaya dolor, para el otro. Y por qué no, para uno.

¿Se mancha un hogar, una familia, un pacto de amor? ¿Por qué es más grave, en todo caso? ¿profana algo?

La penuria propia es lo primero que tiene un infiel en sus manos. La penuria del infiel es la mentira. Así que si se renuncia a una, se renuncia a otra.

Así que no es tan loco pensar que el que es infiel sin desear contarlo es, en el fondo, un ladrón de verdades, un amante de la mentira, un actor de oficio que atrapó su hambre sexual sus deseos verdaderos detrás de un escenario, para siempre.

El que no es infiel, en cambio, o es un tipo sincero o es un tipo recto. Hay quienes saben que la infidelidad existe y se manejan con ella como algunas personas con las drogas: les tientan pero no las tocan, porque no se debe, porque no hace bien, porque hay maneras de sentirse más libre de otra manera (más ardua).

Si creemos que los fieles son estoicos es que convalidamos una idea de amor precaria y lábil. Es que bajamos los brazos con el amor, esa cierta cosa increíble que había pululando en este mundo y que no pudimos entender cómo encontrar ¿y, por eso, ni creer que exista?
 
< Anterior   Siguiente >


Diario Quimili - Copyright 2008-2012 - Todos los derechos reservados - E-Mail : info@diarioquimili.com.ar - diarioquimili@hotmail.com